Perras callejeras: las protagonistas

Perras callejeras

Perras callejeras

Alucinado como ando todavía con la magnífica exposición Quinquis de los 80… voy a tratar de hacer mi particular homenaje a esas historias de barriada que marcaron la infancia de mi generación comentando uno de los títulos más singulares por aquello del cupo femenino de la historia. No confundir con la peli porno del mismo título que rodara en los noventa el pionero José María Ponce.

Entre el final de los setenta y la primera mitad de los ochenta se rodaron en España un buen número de películas que en mayor o menor medida podrían denominarse como quinquis: la élite gana premios (Deprisa, deprisa de Saura en Berlín), lo callejero se confunde con el destape más casposo y sobre todo se levantan un buen puñado de pelis sinceras que son lo más parecido a la Blaxplotaition que hemos tenido por aquí. Estoy convencido de que si Taranino pudiera entender la iconografía de la Puig Condor iba a pasar por la turmix unas cuantas de quinquis de La Mina y San Blas.

Perras Callejeras es casi un epígono del género, uno de los últimos productos de la época dorada del quinqui. No es desde luego la mejor de las pelis dentro del estilo ni la cumbre de su director pero es una película entretenida que conserva – aunque de forma más amable que otros títulos – las claves del género…incluido el triste cruce entre realidad y ficción en la vida de algunos de sus protagonistas:


José Antonio de la Loma
: miembro del gran doblete del cine Quinqui junto a Eloy de la Iglesia. Se trata de un director mucho más artesano que de la Iglesia, mucho más implicado con la escena quinqui hasta el extremo de convertirse en un drogodependiente más, sin embargo fue el que dio el pistoletazo de salida al género con Perros Callejeros en 1977. La trilogía del Torete inspirada en las correrías de El Vaquilla (que no pudo interpretarse a sí mismo por tener que ajustar cuentas con la justicia) es su obra más conocida. Como si se tratara de Luis Aragonés al frente de los jugones, cuando rodó Perras callejeras tenía más de sesenta años.

Sonia Martínez: la gran estrella del filme, Sonia era una de las sonrisas en alza del panorama español y la cara de la programación infantil antes que la pelipetirroja Verónica Mengod. De 3, 2, 1…Contacto y Sabadabadá Sonia dio el salto al cine con Epílogo de Gonzalo Suárez en 1984 y Perras… un año después.

La sonrisa de niños y mayores

La sonrisa de niños y mayores

Sonia Martínez se convirtió en un personaje popular que vivió sonados romances como el que matuvo con Cayetano Martínez del Alba pero pronto llegaron la heroina, la prostitución, el SIDA y el inevitable fallo multiorgánico en 1994.

Teresa Gimenez

Teresa Gimenez

Teresa Giménez: Crista es la líder de la banda de chicas, la mujer de carácter y posiblemente la más explosiva de las tres actrices. Sonia es la candidez y Teresa el sexapeal forjado en el Molino barcelonés. Gitana y procedente de un familia desestructurada de comediantes José Antonio de la Loma le da la oportunidad de su vida en Perros Callejeros 2. Cantante vocacional llegó a sacar tres discos, actuó con estrellas patrias como Parchís y sobre todo fue una vedette muy popular del Paralelo: Teresa “La Mojada”. Nadie sabe nada de ella a partir de 1988.

Susana Sentís: la tercera perra en discordia, que se lía con Tony Isbert y poco más. Apenas hizo nada en el cine pero en 1984 intervino en Los Supercamorristas junto a Jackie Chan y Sammo El Dragón Gordo Hung.

Tony Isbert: con un papel secundario pero importante en la película, el más joven de la gran saga española de cómicos conocía de primera mano el mundillo de los estupefacientes. A caballo entre los setenta y los ochenta pasó dos años y medio en “el maco” en Inglaterra por un tema de drogas.

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Trick ‘r treat

Nadie es como parece en Halloween. Esta parece ser la sencilla premisa de partida de esta película que recoge lo mejor de propuesas televisivas entrañables como En los límites de la realidad o Creepshow y la moda de entrelazar historias con saltos de escenario y cronología que ha seguido a Tarantino.

Anna Paquin, que después de True Blood va camino de convertirse en una star del género, tiene un pequeño papel en el que vuelve a poner su carilla de virgen con dobleces para solaz del personal, por lo demás un gran reparto para una peli coral en la que los actores están al servicio de la diversión.

Mucho pulp en esta película que en España no ha pasado por las salas de cine antes de tostarse en DVD, un divertimento con ecos ochenteros que no pretende ingresar en más historia que la de la valiosa carpeta del PC “entretenimientos”

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Gran Torino

Gran Torino

Gran Torino

Cuando matas a un hombre le quitas todo lo que tiene y todo lo que podía haber llagado a tener, le quitas lo que es y todo lo que podía haber llegado a ser….

Sin Perdón.

Cállate de una puta vez. ¿Quieres saber que se siente al matar un hombre? Pues algo horrible, maldita sea. Lo único peor es que te den una medalla de valor para matar a un pobre crío que lo único que quería era rendirse. Sí, un amarillo joven y asustado como tú. Le disparé en toda la cara con esa arma que tenías en las manos hace un segundo. No hay un solo día que no lo recuerde y no querrás vivir con eso. Yo ya me he manchado las manos de sangre, las tengo sucias, por eso voy a ir solo esta noche.

Gran Torino

Lo mejor de la última etapa de Clint Eastwood es que sus personajes han ganado pasado con cada arruga y su mirada matices de quietud sabia. Lo peor que ha hecho olvidar al gran público que esos personajes han tenido un pasado, un pasado también grande, con a un gran actor y director detrás. Ni siquiera es necesario recurrir al magistral Josey Walles de El fuera de la ley,o a William Munny, uno puede tranquilamente imaginarse al sargento de hierro -tan malhablado y políticamente incorrecto como el protagonista de Gran Torino – sentado en su porche, apurando una cerveza y dejando salir su humanidad por entre las grietas de su cara esculpida ante unos vecinos indefensos. Clint es Clint y eso le hace grande, y Clint lo es una vez más – todos los Clints – y más que nunca en Gran Torino.

Gran Torino recurre a la parte de Don Siegel que impregnó en Eastwood para volver a la autocrítica, más o menos lo mismo que hizo en Sin Perdón con la parte de Leone que se había reencarnado en él. Y en ambos casos lo hace con respeto y sapiencia. Una vez más el actor-director vuelve a ofrecernos una reinterpretación de sus arquetipos, siempre con el puntito de perdedor honesto que en el fondo ha carecterizado a sus personajes, incluso a los más duros e imbatibles de los setenta.

Esta es ni mucho menos su película mejor rodada, tampoco su mejor película, pero sí una película para disfrutarla en sintonía con toda su carrera.

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¿Hacemos una porno? Los freaks también tenemos corazón

Con el espíritu do it yourself proletario de Full Monty de fondo Kevin Smith volvió a regalarnos el año pasado otra carga de su estilo gamberro domado con sentimientos que tanto nos gusta a algunos (excepto en La chica de Jersey) y que tanto detestan los fans más garrulos que no entienden que a Bob el Silencioso también le late la patata. Smith es capaz de ponerse más cursi que Bill Cosby con una chica sentada en un retrete frente a la cámara y esa es la mirada desmitificadora que más me gusta de él.

Sin duda a sus pelis les faltan vueltas de tuerca en los gags y situaciones de enredo más sofisticadas para ser peliculones, pero seguramente Smith no pretende contruir sólidos edificios fílmicos sino divertirse haciendo pelis de amor tal y como el las entiende, y de paso entretener al personal. Y vaya si lo consigue.

Como en Clerks II no estamos ante una película de carcajadas al estilo de Mallrats, ni tan siquiera ante un intento de transgresión pese al título, sino ante un entrañable pasaje de la vida de unos chicos de barrio con forma de comedia amable con el tio de Supersalidos y una deliciosa Elizabeth Banks. Lo que en estos momentos espero de una película de Kevin Smith.

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Déjame entrar. Déjala entrar por favor

Ayer vi Déjame entrar, recomendación de Manolo, quien regenta mi nuevo vídeo club. Sé que es raro el hecho mismo de ir a un vídeo club pero eso os lo cueto otro día.

Déjame entrar, singular película sueca de género vampírico, se adentra con exquisita sensibilidad en el mundo de la diferencia, la incomprensión y el amor tan puro como imposible, y para ello se aferra en el terreno que mejor puede contener estas constantes: la primera adolescencia.

La versión del mito vampírico, tan de moda en tiempos crepusculares, es reinterpretada con sabiduría por Tomas Alfredson y por todo el reparto, que acierta en la conjugación de un poema visual cruel y tierno a partes iguales. Afredson acierta con el tono, elige un realismo descarnado, sin que ello le quite ni un ápice de credibilidad - más bien al contrario - a la parte fantástica de la película.

Una historia - sencilla como casi todas las buenas historias - contada de una manera tan especial que aunque a uno le dan muchas ganas de desear que se rueden muchas pelis como Déjame entrar sabe que frutas tan singulares como esta no crecen todos los días del árbol de la industria.

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La mujer pirata

El todo terreno Tourneur filmó este ejemplo de cine de piratas con todos los ingredientes del género pero con una carga emocional superior a lo habitual. La película divierte pero además está sostenida sobre un guión habilmente hilvanado que juega la baza del triángulo amoroso para llevar la película a un desenlace en el que la mujer superada por el conflicto emocional sobrevuela el arquetipo del pirata Providence. Jean Peters está expléndida en el papel de mujer pirata en un personaje muy poco frecuente para una actriz en 1951. El eslabón masculino de la historia (al margen de un Barba Negra que aunque sobre vuela toda la cinta no es protagonista), es Luis Jordan, el de Carta a una desconoida. Ahí es nada. Aunque Jordan puede parecer por momentos un poco blandengue para el papel de corsario consigue avanzar en otro ejemplo de persoanaje bien construido y lleno de matices.

Anne Bonny fue una mujer pirata real, famosa entre otras cosas por sus maneras masculinas y su gran valor .Creo que nada tuvo que ver con Barba Negra, y el resto de su vida está inventado para la ocasión. Qué querían, esto es cine.

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100 chicas

100 chicas

Sabéis de mi querencia un poco contra natura por las películas de teen explotation, por los émulos de John Hugues. Si no lo sabíais ya estáis enterados. Supongo que siento simpatía por el prota (puede ser él o ella) inseguro, el adolescente perdedor que al final se lleva el gato al agua (en forma de chico o chica) y consigue poner en su sitio a triunfadores de pacotilla de instituto o la universidad. Si además son un poco divertidas y reconozco las referencias del género (al final esta es la clave para que a uno le guste un género), pues miel sobre hojuelas.

Hoy me he visto 100 chicas, simpática actualización de todos los tópicos del género rodada por Michael Davis en 2000. La premisa de la peli tiene que ver con la cenicienta:

Un pringao se queda encerrado una noche en un ascensor con una chica a la que no ve. Empiezan a hablar, los ángeles tocan los violines y entre estertor amoroso y confesión simpática el pardillo pierde la virginidad. Cuando despierta ella no está y sólo tiene unas braguitas de la susodicha princesa. Decide encontrarla a base de meterse en la residencia femenina y buscar el sostén que hace juego con su preciada reliquia.

La peli es un catálogo de tópicos en la batalla de los sexos y combina momentos sonrojantemente malos con diálogos ocurrentes y buenas situaciones de comedia. Y sí, llega el momento en el que el protagonista inevitablemente se disfraza de chica…pero gracias al cielo es casi anecdótico dentro de la peli.

A diferencia de otras pelis del género en las uqe se promete más carne de la que se sirve 100 chicas es generosa en planos de desnudo femenino. No salen desnudas eso sí Emmanuelle Chriqui ni Catherine Heigl (la doctora Izzie Stevens en Anatomía de Grey.

En definitiva, una peli para pasar el rato si te gusta el género.

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Feliz día de la Marmota!

Pues eso, que es hoy

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Rock’n'Rollo

En la línea de sus Lock and Stock o Cerdos y Diamantes Guy Ritchie ha vuelto a hacer una película verborreica: se habla mucho, se mueve la cámara mucho, se excede mucho con la trama y los personajes, está muy “coloreada”… Es mucho ¿es mucho? No para tanto desde luego. Al margen de un par de escenas impactantes Rock’n'Rolla me ha parecido un envoltorio fofo que sólo al final consigue alcanzar el ritmo que sin duda pretende sea su principal baza.

Una de mafiosos con el sello inconfundible en su poca originalidad de Ritchie. Lo mejor de la película son los intérpretes, de lo peor una trama-rompecabezas (está de moda el enredo-gang) descosido por todas partes.

No yo fan del ex de Madonna pero con todo esperaba más de esta peli.

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Sentirse una peli

Algunos domingos estoy melancólico y la tarde suena como el tema de Mancini para Dos en la carretera. Esa jodida película es un ejemplo de cómo el cine puede representar a veces un estado de ánimo: si estoy en un buen momento pero me da un ataque de inexplicable amargura en ese momento soy Dos en la carretera. Porque el cine puede ser maravilloso.

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